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El cantor gramatical Hoy se cumple el
octavo aniversario de la muerte de uno de los mejores cantantes que
pasaron por la historia del tango. Un hombre que solía cantar hasta los
puntos y las comas de las letras, lo que se convirtió en su emblema artístico.

Para siempre. El polaco ayer y hoy. |
Nota del 27 del 8 de 2002.
“Ya ves, / el día
no amanece, / Polaco Goyeneche, / cantame un tango más. / Ya ves, / la
noche se hace larga, / tu vida tiene un karma, / cantar, siempre
cantar”, dice la letra del tango Garganta con arena dedicado al
popular cantor, del que se cumple un nuevo aniversario de su muerte.
Hace ocho años, Roberto Goyeneche –el polaco, para sus familiares,
seguidores y amigos- dejaba su último suspiro y, al mismo tiempo,
entraba por la puerta grande a la marquesina de los ídolos populares
argentinos.
Acompañado de las mejores orquestas típicas, el Polaco Goyeneche hizo
una contribución enorme al género, siendo –incluso- uno de los
responsables de que los jóvenes y cantantes de otros géneros se
volvieran a identificar con el 2x4. Siempre con sus fraseos tan
particulares y su voz única, supo encarar al tango como una experiencia
visceral. Goyeneche tenía un pacto con el Tango: dejaba en cada estrofa
un pedacito de su vida, a cambio de la inmortalidad. Al morir tenía
apenas 68 años.
Afiches, Caserón de Belgrano, Maquillaje, La
novia ausente, De puro guapo, Fruta amarga, Naranjo
en flor, Almita herida, Como aquella princesa, Desencuentro,
Che bandoneón, El motivo, Mocosa, Fuimos, Madame
Ivonne y Grisel fueron tan sólo algunos de los temas que
componían su largo repertorio. Cada uno de ellos parecía haber sido
compuesto para que lo cantara él. Sabía encontrarle a cada letra el
punto justo en el que debía poner el énfasis. Su manejo de los acentos
era excelente y el arrastre de ciertas palabras tornaron a sus
interpretaciones inconfundibles. Incluso logró que el oído del
tanguero entrenado se acostumbrara a escucharlo cantar su versión de
temas como Soledad y Volvió una noche, dos tangos
gardelianos por naturaleza.
“Yo escuchaba ese tango Milonguita. Cuando leí la letra decía:
Te acordás Milonguita vos eras. No es voseras. Y cuando dicen: Y
en aquellas noches de verano que soñaba tu almita... ¡No es así!
Es ¿Qué soñaba tu almita?. Tenía un signo de pregunta, se creían
que era una mancha. No se puede pretender que los caballos coman
bombones. Si hay algún secreto para definir mi estilo, es ése: el
respeto por lo que escribió el autor, cantarle hasta las comas. La
pronunciación es una manera de respetar al que escribe. Hay que hacer
las pausas. Hay que interpretar lo que el poeta quiso decir y transmitírselo
al público. Yo corto las palabras cuando hay dos vocales juntas. A eso
no se puede renunciar jamás. Si son dos palabras, ¿cómo las voy a
transformar en una? ¿Cómo hay que cantar las cosas? Con dramatismo,
con dolor, con desesperación, como lo escribió el poeta”, le dijo el
Polaco a LA MAGA en una entrevista publicada el 9 de septiembre de 1998.
Nacido en enero de 1926 en el barrio de Saavedra, Roberto Goyeneche
debuta como cantor junto a la orquesta de Raúl Kaplún, luego de ganar
un concurso de nuevos cantores en el Club Federal Argentino, en 1944.
Con su carrera en ascenso, pasa en 1952 al conjunto de Horacio Salgán,
junto al cantor Angel Díaz, responsable del apodo de “Polaco”.
Cuatro años más tarde le toca dar, tal vez, el salto más importante
de su carrera: se convierte en el cantor de la orquesta de Aníbal
Troilo. En 1964, Goyeneche deja la orquesta por consejo del propio
Pichuco, quien veía en él demasiado talento. Así comenzó su carrera
como solista, acompañado por importantes conjuntos como los de Héctor
Stamponi, la Orquesta Típica Porteña, Armando Pontier, Roberto
Pansera, Astor Piazolla, Atilio Stampone y el Sexteto Tango-
En fin, Roberto Goyeneche fue una bendición para el tango, al que le
dejó lo mejor de su vida. Aquel triste sábado de su muerte, los
titulares de los diarios decían “Se fue el último gran cantor”.
Cuanta razón tenían.
Emiliano Salmeri
LAMAGA.com.ar para LAOTRAMUSICA.8k.com
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