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La historia de
esta obra conceptual es, en su núcleo, parecida a Holocausto Tropical. La idea
principal es el cambio de entorno, la necesidad de alejarse del lugar que nos
acompañó por demasiados años. También es un cambio de estilo de vida,
motivado por un sueño: pasar del sedentarismo a los viajes constantes,
conociendo pueblos, ciudades y costas, gente nueva, aventuras nuevas.
Pero, como sabemos, son pocos los casos de
personas que sean verdaderos nómadas. Muchos de nosotros queremos un lugar al
que volver después de un tiempo, y todos necesitamos un hogar. Esto no
quiere decir precisamente una casa, sino un significante que represente un punto
de relajación. Ya lo decía Waters, puede ser un lugar, una persona, incluso un
objeto. “Todos tenemos algo a lo que llamamos hogar”. En esta
historia, el protagonista necesitaba una nueva compañía. En su búsqueda
conoce a una mujer en un bar, que tiene un punto en común con él, más que
suficiente para la relación. Es el mar, la costa, escuchar el ruido del viento
y las olas. La playa se presenta como un limbo total.
Cuando su pareja muere ahogada, siente
derrumbarse todo su nuevo entorno. La playa se convierte en un significante
asociado con la Muerte, el dolor, la soledad. Busca respuestas caminando en la
arena, reclamándole a la Muerte una explicación, volviendo a su pueblo con su
tío, yendo al bar en donde se conocieron, pero no consigue aliviarse.
El protagonista está en una instancia en la
que hay dos opciones. Puede convertir a la tragedia en su nuevo hogar,
transformando su vida en un culto a la que no está, o puede tratar de borrar su
mente, olvidarse del pasado y empezar a soñar nuevamente, como lo hizo en un
principio para lograr salir de su estancamiento. Si bien por varios meses se
dedicó a la primera opción -incluso sin notarlo-, durante una noche en vela se
da cuenta de que no puede soñar porque no tiene deseos, ya que estos están
siendo eclipsados por su pasado. No puede seguir llorando lo que perdió. No
puede soñar si sigue viviendo en el ayer. |